La Maternidad Humana, Deconstruyendo la Tarea Interminable

Desde muy pequeña asumía que mi madre era capaz de cualquier cosa, y sin duda haber realizado una carrera luego de tener la gran tarea de cuatro pequeños bajo su cuidado, y un matrimonio que cultivar ya la convierte en una dura.

La maternidad, si nos dejamos llevar por su signifcado, es la manera en la que utilizamos para llamarle al proceso en que una mujer se convierte en madre primeriza. Sin duda alguna, la palabra maternidad proviene del término madre y esta conocida como la experiencia de vida que tiene una mujer al momento en que se convierte en mamá, hasta la vida adulta de esa criatura.

La maternidad esta sumamente reflejada y liderada por el rol femenino, partiendo de la premisa del famoso instinto maternal con el que nacemos aparentemente solo las mujeres. La escritora Sarah Blaffer Hrdy, en su obra Mother and Others especifica como dentro de la vida animal este llamado instinto único en las hembras es desestimado, pues existen ejemplares en el reino animal conocidos como padrazos de quienes cuyas responsabilidades consisten en cumplir con la tarea maternal/paternal del cuidado de sus crías. Es decir, el institno “maternofilial” se ve claramente presente en el espíritu de este macho animal. Incluso, aunque este sea el padre. Dentro de ellos podemos considerar al pigüino emperador y el caballo de mar.

  1. El pingüino emperador- establece sus colonias de nidificación a comienzos de mayo-junio, antes de la llegada del crudo invierno antártico (cuando las noches pueden durar hasta 20 horas). Cada pareja busca un lugar donde depositar su único huevo, pero no habilitan un nido o llevan a cabo alguna otra preparación especial. La hembra traspasa de inmediato el huevo puesto al macho, que lo coloca sobre sus patas para evitar que éste entre en contacto con el frío suelo. Y lo tapa por completo con las plumas de su abdomen. Debido al rigor de la época de crianza el padre llega a perder hasta la mitad de su peso. Además, si la madre, que se ha marchado al mar a alimentarse, no regresa a tiempo (unos 65 días después), el macho ha de regurgitar una secreción blanca para alimentar al polluelo.
  2. El caballo de mar- Viven en pareja y cuando se reproducen la hembra deposita sus huevos en la bolsa ventral de los machos, donde nacen las crías, de cuyo cuidado (hasta que están preparadas para vivir de manera independiente) se encargan también ellos.

Este pensamiento se ha venido extendiendo a lo largo de los siglos, provocando que esta tarea sea protagonizada primordial o únicamente por el género femenino. A medida que nosotras las mujeres vamos en crecimiento podemos notar que en nuestra crianza la influencia estereotipada de ser madres es sin duda hallado como complemento en nuestra formación de carácter y rol como mujeres obligatorio.

Me tomé la tarea de poner a mis conocidos hacer el ejecicio en casa invitándoles a que enumeren las descripciones que les vienen a su mente cuando escuchan la palabra MAMÁ. Sus respuestas muy diversas parten por las diferentes vertientes que hay entre una mamá y la voz de los padres. La mayoría de las opiniones partían de la misma premisa, el gran SACRIFICIO.

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Una estupenda madre entrega su vida, sus sueños, y sus deseos por someterse a la jornada de la maternidad, este ha sido el pensamiento en el que fuimos criados y educados a lo largo de la historia. A pesar, de que la paternidad, es un término y una responsabilidad, hoy día podemos afirmar que el camino a estas jornadas, aún esta repartido por género y no por compromiso sentimental y ético ante nuestras decisiones como adultos sin distinción de persona.

Ahora, les invito hacer una analogía entre el sacrificio de la maternidad y el sacrificio de alcazar una meta como profesional. Muchos querrán afirmar que comparar las metas con esta ardua tarea, es absurdo. No obstante, yo como madre considero que son lo mismo. Verán, todo ser humano tiene sus propias metas, propósitos personales que se han propuesto, los que solo con un estupendo sacrificio pueden ser alcanzados.

La mujer que elige continuar con el proceso de maternidad se propone a sí misma una meta, la misma meta que un profesional de la salud, un músico o un deportista tendría, estos no se detienen, persisten a la meta, a la brecha, al punto que han soñado alcanzar para finalmente poder gritar; VICTORIA. En nuestro caso, esta el acompañar a nuestros hijos a la autosuficiencia de manera sana, partiendo de bases morales subjetivas a nuestros paradigmas.

Este camino tiene un fin, tiene un punto de partida dónde nosotras dejamos der ser para acompañar a nuestros hijos/as a soñar como un día nosotros lo hicimos. Por esta razón, el romanticismo de esta etapa, es bueno hasta que nos vamos al punto de extremo donde condicionamos solo y únicamente a la mujer a soñar, luego de cumplir con los roles impuestos por la sociedad, y la religión de ser MAMÁS. La maternidad engloba un conjunto de fenómenos que se desarrollan en la mujer, que van más allá de una sola disciplina, es decir, maternidad no es solo el hecho de que biológicamente ocurra el proceso de reproducción (dar a luz), sino que representa la generación de un nuevo ser humano, para lo que es necesaria la integración de otras dimensiones.

La maternidad romántica del siglo 21, y la cultura patriarcal hispana en la que vivimos, como acabo de mencionar no es una novedad. Para nuestra sociedad, la madre es ese ente pensante con la capacidad de pasar horas tras horas sin pegar el ojo, ese ser que debe andar trasnochado atendiendo las necesidades básicas de otro ser humano, es calor, es compañía cuando nadie más podría acompañarnos. Sin duda, muchas mujeres como yo hemos dado todo porque nuestros pequeños tengan mucho de nosotras, y esta relación entre el compromiso debe estar acompañado de la oportunidad de nosotras ser realizadas.

Desafortundamente, esta mentalidad con la que somos programadas son un atraso ante los derechos humanos de las mujeres obtenidos alrededor de la historia, a punta de grito y lucha. Esta conducta, fue una deconstrucción social que marcó la historia de la humanidad para siempre y no dar marcha atrás. Desde el año 1848 dónde surgió la primera convención de mujeres ante la oposición a la libertad social y política de el género femenino hasta el día de hoy.

Cuando pienses en una buena maternidad toma una pausa, para observar dicho instinto nacer en ambos géneros con la llegada de otro ser humano a quien amamos manera incondicional, aunque nuestra labor, tenga una meta final.

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