A una decisión de distancia: ¿Nuevos miedos o nuevas experiencias?

El fin del verano marca un nuevo comienzo, una nueva persona renace cada que está dispuesta. Decidí entonces ser una nueva. No por mucho, ni invencible, ni perfecta, ni libre de miedos; todo lo contrario. Ahora mis miedos no me impiden ir a ningún lado, y si se niegan a desaparecer pues me acompañan hasta no poder más. Me acompañan a donde yo vaya, pues ya no tienen el poder de limitar mi camino. De igual manera, no tienen poder sobre el tuyo.

Que hermoso se lee, ¿no? ¿Parezco segura de mi misma? Bueno, no está demás decir que… En este preciso momento me susurran al oído: “No siempre nos iremos. No será fácil, tendrás que luchar una y otra vez si no quieres que nosotros, tus miedos, volvamos a controlar tus decisiones. Sabes que no estás cien porciento segura de lograrlo. ¿Porqué escribes todo esto entonces?…” ¿Te suena familiar? ¿Quién alguna vez ha deseado hacer algo nuevo sin siquiera un pensamiento negativo paseando por su mente? Solo sé que yo no. Ahora bien, sigo escribiendo. Lo hago a pesar de la narración en tiempo real que hice de mis propios pensamientos negativos, que son los que se hacen presente en muchas ocasiones. Sin embargo, he aquí donde comienza una pequeña lección de vida: donde terminó el verano.

Al ser las últimas vacaciones antes de salir de mi escuela superior, quise proponerme nuevos retos. Lanzarme por completo hacia situaciones que me hicieran sentir totalmente fuera de mi zona de conformidad y comodidad. Es por eso que tomé la primera decisión aterradora. Empecé a practicar volleyball durante el verano y participé en un campamento intensivo de dos días que ofreció mi escuela. Parece algo sencillo, por lo que es debido mencionar que las jugadoras de último año con las cuales jugué tenían años de experiencia, y yo… Un verano. A penas y puedo describir sus destrezas, ¡eran increíbles! Al llegar me sentí aterrada. No solo porque todas se conocían entre ellas y yo estaba sola, o porque no estaba a su nivel que sobrepasaba el mío por hasta ocho años de experiencia (le pregunté a una de las jugadoras de último año cuánto llevaba jugando volleyball y me dijo que como nueve años aproximadamente) sino porque me estaba ahogando entre pensamientos negativos de todo tipo. He ahí donde me dí cuenta de lo que sucedía, más que un campamento de entrenamiento físico, fue un entrenamiento mental. Al estar en una batalla constante entre mis miedos y mi desempeño en la cancha, no había tiempo para decidir que hacer. En aquel momento se trataba de darlo todo o nada, de no rendirme ante el miedo y la inseguridad, de continuar a pesar de mis errores. Quise abandonar la cancha muchas veces y me negaba a entender porque estaba allí, ya que sabía que no era precisamente por ser una excelente jugadora. La lección estaba clara. No era impedir que la bola tocara el piso en aquella cancha, era levantarme cada vez que cayera yo. Una y otra vez, dentro y fuera de la cancha. No se trataba de eliminar mis miedos y mis inseguridades en un segundo, si no de continuar a pesar de ellos.

Muchas veces nos negamos a continuar o siquiera empezar a hacer cosas nuevas. Estamos acostumbrados a valorar más los futuros resultados que la experiencia en sí, cuando la mayor parte de la enseñanza que se encuentra a una decisión de distancia, se encuentra en ella. Nuestros miedos nos limitan el número de magníficas experiencias que podemos experimentar en esta tierra. Pues no hemos venido para triunfar o fracasar, ser ricos o pobres, atletas profesionales o artistas, de un partido político o de otro, de una religión o de ninguna, ser mejores o peores, etcétera. Todas esas características se van definiendo basadas en la cantidad de experiencias que hemos tenido. Ellas son nuestro tesoro más preciado. Lo único que queda almacenado en lo más profundo de nuestra alma, cuando nuestro cuerpo se desvanece.

Decidí sumergirme en ese pensamiento, ampliar mi recolecta, abrirme a experiencias nuevas. Es por eso que decidí tomar clases este año que nunca antes había tomado. Sin importar el hecho de que tendría que trabajar un poco más duro que los demás para lograr estar al nivel, ya no vale el hecho de tener miedo o sentirme insegura, pues tengo nuevas experiencias que contar. De aquí a Mayo del año 2022 seré escritora, bailarina y músico. Diría que fue gracias a mi campamento intensivo de volleyball, pero quiero ser más específica. La decisión de tomar dichas clases fue gracias a una perspectiva mucho más amplia que me ayudó a extraer hasta la última enseñanza que pude de un momento en el cual me sentí bajo mucha presión. Es por eso que aprendí a abrir de nuevo las puertas que el miedo me había cerrado. Entrar, caminar, correr, saltar sobre cada obstáculo en el camino aunque el miedo me persiga. Da igual. Al final cuando todo esté a punto de acabar las manos no me darán para contar las puertas que atravesé y los senderos maravillosos por los cuales caminé.

Comencemos a aceptar nuestros miedos e inseguridades y a darles menos valor que a las nuevas experiencias. Si te asusta, pues hazlo asustado. Que nada te impida aprovechar las oportunidades que tienes. Miedos llegarán nuevos, oportunidades como las que tienes probablemente no. Está en tí invertir en lo que deseas y enfocar tu energía en ello. Créeme, todo aquello en lo que enfocas tu energía se hace más grande. Decide si tendrás más miedos que enfrentar o nuevas experiencias que narrar. ¡Todos sentimos miedo alguna vez! Pocos continúan a pesar de él.

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