Rafael Cordero; Pionero Puertorriqueño y sus Aportes Inclusivos a la Comunidad

Rafael Cordero Molina, nacido en San Juan, Puerto Rico, el 24 de octubre de 1790. Un hijo de mulatos libres; Lucas Cordero y Rita Molina, quienes poseían la libertad pero estaban denegados a la educación por no formar parte de los estigmas económicos y raciales que promulgaban en la única institución académica existente. Lo que representó un gran problema para los padres de Cordero, quien desde su niñez demostró su gran interés por la literatura y gramática. Por esta razón decidió aprender bajo sus recursos y con el apoyo de sus padres tanto a leer como a escribir. Dado a su estatus económico se vió obligado a trabajar en la industria del tabaco, la cual sirvió junto a su pasión y dedicación a la fundación de su escuela para varones. A tan solo 20 años de edad, ubicada en la calle de Luna en San Germán para el año 1810.

En este momento, se empieza a conocer a Cordero como El Padre de la Escuela Pública pues, fundó un espacio donde niños de cualquier raza podrían presentarse a recibir la educación que merecían. A pesar de que la segregación racial no era una complicación en aquellos tiempos sus influencias eran muy notables ante los más desafortunados. Cordero se encargó como misión atender a todos sus estudiantes bajo condiciones igualitarias, sin alguna discriminación. Lo que incluyó a mulatos, negros, blancos pobres, y ricos en su proyecto. La educación a las minorías se convirtió en la pasión de Cordero, mientras este trabajaba como educador también desempeñaba sus habilidades como tabaquero para utilizar su ingreso como socorro a su institución y al más necesitado. Se dice que el mismo mientras brindaba clases de educación cristiana, aritmética y literatura se encargaba de elaborar el proceso del cigarro además de trabajar como zapatero.

El Padre de la Escuela Pública, no solo era visto como el educador dentro de su comunidad, también daba la mano al más necesitado, comprando zapatos, lencería, y artículos de primera necesidad. Cordero y su afición por la lectura lo llevaron a ser muy destacado ante la sociedad, a tales circunstancias donde niños ricos asistían a su escuela por la gran fama de educar que a este le precedía, una estrategia rápida y eficiente en la lectura de los pequeños.

La Sociedad Económica de Amigos del País -asociación de nobles quienes brindaban incentivos económicos a la educación de los países allegados- Le brindaron una premiación de $100.00 a Cordero la cual el se negó en recibir, tras no poder ceder a su premio, este lo dividió entre sus estudiantes más pobres y los más desaforados de su pueblo, quienes asistieron a dicho evento. Se cree que el gran prócer fomentó la finalidad de la esclavitud en Puerto Rico y del discrimen por raza o color con sus actos bondadosos e inclusivos a la comunidad.

En el 1860, tras 50 años de educación gratuita, Rafael Cordero fue reconocido como Docente Incompleto por el Gobierno y Municipio de San Juan, quienes junto al reconocimiento le otorgaron un sueldo de quince dólares mensuales. Cordero, amaba su profesión y a su pueblo, por lo que también rechazó dicha oferta, pero a la insistencia de sus allegados, terminó aceptando. Murió el 5 de julio de 1868, a sus 78 años de edad en su ciudad natal; aproximadamente 2,000 personas asistieron a sus actos fúnebres para brindar honor a la honorable vida y legado que Cordero brindó a Puerto Rico.

Ante la desesperación y los cambios que nuestras vidas han tomado en estas semanas. Podemos sostenernos a historias capaces de marcar nuestras vidas, de recordarnos quienes fuimos y somos hasta quienes somos capaces de convertirnos. Somos boricuas, llevamos mucho en la sangre; esto es un llamado a la igualdad, a regresar a nuestras raíces; indio taíno, africano y español, siempre ha existido inclusión. Que el mundo y su torpeza no nos cambie. Soñar con un mundo mejor es posible y Cordero es un ejemplo que marcará la historia de nuestro país por siempre.